En un intento de las empresas por incrementar sus ventas, y en consecuencia, sus beneficios, nace el
marketing olfativo. Si bien existen otros medios, como puede ser a través de la vista, haciendo uso de un diseño innovador con la utilización de colores llamativos en el embalaje, el oído con la utilización de melodías pegadizas que al escucharlas identifiquemos un producto en concreto, o el tacto a través de la sensación que nos produce al entrar en contacto un producto en concreto con nuestras manos. Pues bien, el marketing olfativo pretende que asociemos un producto mediante el aroma que éste desprende.
Debido a la saturación de anuncios a los que están sometidos las personas, es lógico que cada vez más, los consumidores rechacen y le asalten dudas acerca de la autenticidad de lo que le están anunciando, por lo que resulta imprescindible en vez de ofrecer y promocionar el producto y sus características, causarles el mayor impacto posible transmitiéndoles experiencias, y por ello surge la idea de vender emociones a través de los olores y ahí es donde entra el
marketing aromático.
Además, esta variante del marketing puede suponer una ventaja comparativa en tanto en cuanto puede permitir diferenciarnos de nuestra competencia al mismo tiempo que ofrecer un factor sorpresa. Por ello y ya centrados en el punto de venta, al ofrecer unos aromas nuevos y frescos ligados siempre con tu producto y con los olores que pueden considerar agradables de tu público objetivo, parecido al efecto que causa un perfume de mujer en un hombre y viceversa, puede pasar que la compra en sí se convierta en una experiencia para el consumidor y que éste esté dispuesto a pasar más tiempo en el punto de venta sin ser consciente de ello simplemente por la satisfacción que le produce el estar en un entorno con olores que le son favorables y en consecuencia que le empujan a la compra del producto.
Como dato curioso, indicar que las personas pueden distinguir y memorizar más de 10.000 aromas distintos, cifra que se reduce a 200 cuando hacemos referencia a la cantidad de colores que puede diferenciar el ojo humano, de aquí la importancia que tiene el mundo de los olores y es por ello que se debería aprovechar mucho más el marketing olfativo. Para esto, debemos ensalzar nuestro aroma y sacar ventaja de ello, diferenciándonos de nuestros competidores y que esta ventaja a su vez perdure en el tiempo haciendo que los consumidores reconozcan e identifiquen claramente nuestra marca y/o producto usando su sentido olfativo.
En definitiva, el
marketing olfativo pretende despertar las emociones de los consumidores mediante el sentido olfativo, consiguiendo diferenciarnos de nuestra competencia causando al mismo tiempo un gran impacto en nuestros clientes para que puedan identificar y asociar un aroma que les resulta agradable con nuestro producto.
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